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Segunda Distinción Elena Just Historia

Segunda Distinción Elena Just

30/06/2026 · Mariano Beltrán

El pasado 24 de abril se celebró la 2ª Edición de la Distinción Elena Just, en el marco de un encuentro abierto dedicado a la reflexión sobre el compromiso social.

El acto se abrió con la conferencia “Contra la indiferencia: masonería, justicia social y ética de la interdependencia”, realizada por Mariano Beltrán, Gran Maestre Adjunto de la Gran Logia Simbólica Española. En su intervención, se abordó la necesidad de pensar los valores masónicos como un espacio vivo de responsabilidad ética ante el sufrimiento, la desigualdad y las formas contemporáneas de indiferencia. Antes del cierre del encuentro, se hizo entrega de la 2ª Distinción Elena Just a las auxiliares de la Vivienda Tutelada “San José” de Buñol, en reconocimiento a su labor cotidiana, muchas veces silenciosa, pero imprescindible.


La indiferencia como degradación silenciosa

La intervención de Mariano Beltrán partía de una preocupación central: las sociedades no se deterioran únicamente por la violencia explícita o la crueldad manifiesta. También pueden degradarse de manera más silenciosa a través de la indiferencia, entendida como una disposición moral, social y política que nos acostumbra a convivir con el sufrimiento ajeno sin sentirnos interpelados por él.

Desde esta perspectiva, la ponencia propuso pensar la indiferencia como un empobrecimiento colectivo. Cuando una comunidad naturaliza la distancia frente al dolor de otras personas y determinadas vidas dejan de parecernos dignas de atención, no estamos solamente ante un problema ético privado, sino ante una crisis del mundo común.

Diálogo con el pensamiento crítico contemporáneo

El marco teórico de la conferencia se articuló en diálogo con distintas tradiciones críticas contemporáneas:

Una pedagogía activa

A partir de ahí, la ponencia situó el trabajo de la madera y la tradición humanista como una pedagogía contra la indiferencia. No como una corriente encerrada en sí misma, sino como una escuela de atención y transformación ética. El trabajo sobre el perfeccionamiento personal y social no se presentó como un ejercicio individualista, sino como una labor orientada a la construcción de un Templo común: una humanidad más justa, más consciente y menos abandonada a la frialdad del descarte.

Feminismos críticos: Vulnerabilidad e Interdependencia

Los feminismos críticos ocuparon un lugar central en la exposición a través de autoras como Judith Butler, Donna Haraway, Angela Davis, Diana Maffía y Michela Murgia, proponiendo revisar la ficción moderna del individuo autosuficiente. Frente al sujeto soberano e invulnerable, se defendió una concepción relacional de la existencia: somos cuerpos expuestos, vulnerables y necesitados de cuidado.

Desde esta mirada, la interdependencia es una verdad antropológica y ética. La cuestión no es si dependemos de otros, sino qué formas sociales damos a esa dependencia: puede traducirse en dominación o transformarse en responsabilidad compartida, cuidado mutuo y justicia.

La política del cuidado y la tradición del don

La ponencia prestó especial atención al cuidado como categoría ética y política fundamental para la reproducción de la sociedad. Los trabajos de cuidado —frecuentemente feminizados e invisibilizados— sostienen la existencia cotidiana. Una ética de la interdependencia exige reconocer quién cuida, en qué condiciones y con qué derechos.

Asimismo, se recuperó la tradición antropológica del don y la reciprocidad (vía Marcel Mauss y David Graeber) para cuestionar la reducción mercantil de los vínculos humanos, enlazando este pensamiento con símbolos de fraternidad y construcción colectiva como la cadena de unión y el trabajo compartido.

Revisitar la Fraternidad

Uno de los núcleos fue la necesidad de rediseñar la fraternidad, leyéndola hoy desde una ética más amplia del vínculo. Una fraternidad que no se limite a la camaradería o a una pertenencia cerrada, sino que se abra a la igualdad concreta y a la responsabilidad hacia quienes quedan fuera de los espacios de protección.


Conclusión: Estar contra la indiferencia no significa refugiarse en la grandilocuencia moral, sino practicar una atención responsable: no acostumbrarse al daño, no banalizar la desigualdad y comprender que el compromiso ético debe tener consecuencias en la manera de mirar y actuar en el mundo. En definitiva, una práctica viva del vínculo y la dignidad compartida, porque quizá la verdadera iniciación humana consista, precisamente, en aprender a no ser indiferentes.